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La historia de los Chichas

Anuario de Estudios Bolivianos Archivísticos y Bibliográficos, nº 22
81 - 102, Sucre, 2016 (Vol. II)
ISSN: 1819-7981
Los circuitos comerciales en la región de los Chichas.
Siglo XVII

Germán Mendoza Aruquipa[1]

Presentación

“Don Garcia Hurtado de Mendosa Marques de Cañete señor de la Villa de Ariegete […] Visorrey Gobernador y capitán general en estos reinos y provincias del Piru tiera ferme que leva […] de la Villa Ymperial de Potosí […] de la plata alcalde por orden y votación real della de Porco […] de darle mi provisión y para que no os remitiese de el enotiziasen y visitasen en los dichos tambos de las indistrito y en esta manera y por mi yn pco que si dicho a los de dar e de la prepor el qual vos mismo…” (AH-CNM Potosí 1592 s/f).

El presente artículo pretende alcanzar a una región minera del suroeste del actual territorio boliviano, que de manera estratégica conformó una franca red de comercio nativo y colonial durante el siglo XVII. El objetivo que se tiene para escribir esta temática y darla a conocer a la sociedad, es impulsada por una primera etapa de investigaciones llevada a cabo en el marco de un convenio realizado el 2014, entre un municipio de Sud Chichas y la USFX, del cual se extrae importantes conclusiones aplicadas en este trabajo realizado.

Introducción
La forma de asumir este trabajo de esta historia de larga data, significa remitirse a los documentos históricos que poseen las instituciones que resguardan dicho patrimonio, como son los del Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia (Sucre – Bolivia) y el Archivo General de Indias (Sevilla – España) que indudablemente poseen importante información para llevar a aplicarlo en este trabajo. Se asumió como tarea importante, el entramado comercial que se re articuló, luego de desintegrarse el estado prehispánico del Tawantinsuyu a mediados del siglo XVI.

En el proceso histórico a visualizarse objetivamente, se analizan la dinámica comercial de los peninsulares, frente a la masa laboral que se estableció en torno a los sectores productivos mineros, entre asientos mineros y poblaciones reducidas a la mit’a minera.

Enfoque teórico
Dentro las investigaciones del periodo colonial, se tiene a varios autores extranjeros, que trabajaron o investigaron sobre esta temática, entre ellos Assadourian, (1980 y 1982) Presta (2000) Glave (1989) Langer y Conti (1991) para el siglo XIX. En el mismo se tratan temas como el comercio colonial, las rutas de acceso al altiplano meridional por las costas del pacífico y atlántico, así como la adaptación de tambos prehispánicos dentro la económica colonial temprana. Al mismo tiempo, asumen una postura de la administración colonial hispana, respecto a las tierras consideradas como tradicionales, utilizadas para el usufructo durante el periodo prehispánico, por parte de los primeros encomenderos, arribados a esta región de valle y puna. El mayor aporte fue del historiador argentino Assadourian (1982) quien propone el sistema de economía colonial estructurado, luego de la imposición de los regímenes españoles de la mita minera, así como de la encomienda colonial en torno a los distritos productivos del agro, cercanos a los centros de beneficio minero.

En todo caso este autor articuló la relación de bienes intercambiables como, la mercancía-dinero y la producción agrícola limitada, dentro de un trueque comercial en las regiones unidas a este sistema colonial. Al respecto afirma que, “(…) la historiografía liberal como a la marxista, ha sido reforzada en la última década por la teoría de la dependencia, que define a las economías mineras de exportación como enclaves, más integradas al mundo exterior que a la economía del territorio en que funcionan” (Assadourian, 1982: 279). El factor analizado en este proceso será, la operatividad de estos bienes de capital, invertidos en ciertos espacios o jurisdicciones administradas por el régimen español.

En este mismo sentido, asumiendo un estudio desde el periodo colonial –será optar por condicionantes que generen esta dinámica comercial– al ritmo interno en las regiones donde se desarrollaron las sociedades originarias. “Es decir, sería necesario estudiar las consecuencias de la producción minera en la determinación del nivel general de precios en las producciones regionales del espacio colonial” (Assadourian, 1982: 292). Consecutivamente, los ritmos de cambio en los niveles de productividad, estarán condicionadas por fenómenos que escapan fuera del control estatal novohispano.

Luis Miguel Glave (1989) toma una postura diferente, al asumir la presencia y el desenvolvimiento de las sociedades adaptadas a estos circuitos comerciales, refiriéndose a pueblos originarios que se integran a este ritmo vertiginoso de circulación mercantil. En otro sentido Ana María Presta (2000) asume la presencia de familias hispanas que se adaptaran, a la actividad comercial, desde la adopción de la encomienda en la región de los Charcas, donde observa el papel que jugaron algunas familias negociantes dentro este circuito. Complementando estos aportes, se tiene el trabajo de Conti y Langer (1991) quienes afirman que la red de comercio tradicional se articuló a los mercados en los andes centrales meridionales, asumiendo nuevos mercados en condiciones distintas al periodo colonial, pero desde los mismo caminos tradicionales de arriería y herradura originados en una larga data.

Desde esta perspectiva, fue evidente la presencia de caminos remitidos al Qapac Ñan, o considerado como el “camino real” durante el coloniaje, donde se adoptó una ruta de circulación mercantil, (Uma-urcu) acoplada a los centros agrícolas de valle, aledaños a este sistema vial, complementando la verticalidad[2] y horizontalidad de pisos ecológicos de puna, valle y trópico, donde se extraían productos dirigidos hacia los asientos e ingenios mineros. Esta actividad económica será considerada dentro la historiografía actual como, la dinámica comercial al estilo hispanoamericano.

Las rutas de comercio colonial temprano en la provincia de los Chichas, estructuradas en una continua territorialidad de los Lipes, es abordado en este artículo para visualizar de mejor manera, en una etapa comprendida entre las primeras décadas del siglo XVII, hasta finales de la mencionada centuria. Un contexto sociocultural bastante complejo, es reflejado en la presente investigación, fruto de un contacto multicultural entre sociedades hispanas y nativas, como fueron los Chichas y Lipes, proceso que generó una simbiosis laboral entre la actividad minera y la circulación mercantil, desde zonas de producción agrícola, como del eje que activó el circuito monetario, fiel reflejo de varios grupos de mercaderes trayendo objetos de ultramar, que ingresaron por el Pacífico y el Atlántico autorizados desde la corona hispana. Este fenómeno se aditamento, para estructurar un cierto orden y control entre las colonias asentadas en la región minera de los Chichas.

Mapa 1
Mapa de la Provincia de Salta donde contempla
las provincias de Chichas y Lípez


Si bien el mapa remite al lector al siglo XVIII, las regiones divididas administrativamente por la corona hispana, estaban bajo tuición o entorno a las provincias del Río de la Plata, incluyendo las estudiadas en este trabajo. Desde Chayanta, Porco, Chichas y Lípez, las regiones pasaron a conformar durante este siglo al Virreinato del mismo nombre. La margen occidental fue incidentalmente compuesta por líneas de acceso a tierras de explotación minera que compartieron, pisos ecológicos continuos entre chaco, valle tupiceño, puna y altiplanicie potosina, con un margen independiente frente a los dos mares de Norte a Sur.

Los caminos prehispánicos de Lípez y Chichas
El trajín de mercaderes hacia el año 1600 tuvo una importante labor para contactar zonas de consumo y centros productivos de Charcas. Es decir se llegó a contactar las tres zonas continuas de los Chichas, esto es valle, puna y zonas continuas del Chaco austral. En el siguiente documento describe tal movilidad comercial.

Desde el pueblo de Potosí, declinando un poco al Oriente, se entra en la provincia de los Chichas, a dos jornadas andadas, los cuales son indios bien dispuestos, belicosos; su tierra, rica de oro y plata, sino que no la quieren descubrir. Llega esta provincia hasta el último pueblo de ellos, y de la jurisdicción del reino del Perú, llamado Talina, 50 leguas buenas de Potosí, el camino no malo, y los valles donde están los indios poblados, de moderado temple, con abundancia de mantenimientos y ganados, así de la tierra como de los nuestros; a cuya mano derecha queda la provincia de los Lípez, no muchos indios, muy fría y destemplada, donde no se da maíz; en lo demás de fama, si no es por las piedras medicinales… (Lizárraga, 1968 [1605]: 91).

Fray Reginaldo de Lizárraga describe a las rutas de acceso de los Chichas y Lipes tiene mucho que ver con la antigua vertebración caminera visibilizada por los incas a inicios del siglo XVI, re-implementada luego de impulsada en una explotación masiva, de minerales preciosos en el sur de Charcas, entre la frontera de los ‘Chiriguanas’ y la zona limítrofe con la provincia colonial del Tucumán. Dentro de la dinámica comercial que van a entablar hacia mediados de este siglo, se encuentra el yacimiento de Porco, así como las rutas de acceso al litoral del Pacífico. Es en esta región estratégica que conformaran una importante red de tráfico comercial a inicios del siglo XVII, que dio pie al sistema de economía colonial sostenida por el estado hispano, hasta bien entrado el siglo XIX.

Las rutas de acceso se ubicaran entre Yavi y Tupiza, como nuevo asentamiento español, así como Palquiza y San Antonio del Nuevo Mundo y Nuestra Señora de Atocha. En el extremo norte estaba Porco y sus asentamientos en la región del sur de territorio charqueño. Discriminando rutas coloniales y caminos prehispánicos tenemos a, Chocaya La Nueva, Cotagaita, Tupiza, Talina y Jujuy con su contacto administrativo ubicado en la villa de San Bernardo de la Frontera pertenecieron a la administración hispana; y se ubicó a Calcha, Chocaya ‘la Vieja’, Chorolque, Inca Cancha, Tupiza, Talina[3] y Yavi como centros de comercio que provenían del periodo pre-colonial. Indudablemente, se trató de un contacto comercial expresado en monedas en metálico, complementado con agricultura y pecuaria proveniente de la puna jujeña y el valle cochabambino.

Para la Provincia de los Chichas en esa época, contaba con la siguiente población de origen americano:

Provincia de los Chichas: 1.667 naturales, 224 forasteros de diferentes pueblos de la mita de Potosí, 152 yanaconas de S.M. (Zavala, 1979: 109).

El total de la población que habitaba la provincia de los Chichas llegaba a 2.043 registrados en los padrones de la temprana colonia, que según Zavala, partirían de las reducciones de pueblos de indios, así como los encomendados, y la mano de obra trabajadora en interior y exterior mina, considerada como mitayos al servicio de su majestad. El otro enclave será Chocaya, como lo afirma las observaciones e informaciones de los primeros pobladores de origen hispano que arribaron a la zona.

“Se han descubierto minas ricas en Chocaya, en el corregimiento de Tarixa.” El último repartimiento dado a Potosí, corrió por mano de D. Juan de Carvajal, siendo presidente y visitador de Charcas. Hay contienda entre azogueros y soldados. Por cédula del 6 de abril de 1636 mandó SM que se procurase satisfacer a los dueños de ingenios dándoles indios que habían llevado los soldados; lo ha comenzado a hacer el Presidente de Charcas, Don Juan de Lizarazu. El nuevo virrey procure que se entere la mita” (Zavala, 1979: 107).

La población tributaria estaba distribuida entre Chocaya y Talina, como centros articuladores de cualidad estacional permanente, así como su centro de control tributario al ingenio establecido en Tupiza. Estas poblaciones de un mismo origen étnico, procedían de diferentes pisos ecológicos enraizados entre Cotagaita, Calcha, Yura y Porco, como lo demuestra la siguiente fuente documental consultada en el trabajo de Carlos Zanolli:

(…) indios Chichas de los pueblos de Calcha, Cotagaita y Talina que los señores virreyes encomendaron a los vecinos de esta frontera de San Bernardo de Tarija para poblarla y defenderla de los enemigos”. Nos hemos referido a ellos cuando hablamos de los indios tendarunas. Corresponden a la parcialidad de Calcha 124 indios varones, no reconocen curacas y tampoco indios ausentes. La parcialidad de Talina tiene 49 indios varones, un cacique y no reconoce indios ausentes. Santiago de Cotagaita posee 58 indios varones y no se reconocen ni curaca ni indios ausentes (Zanolli, 2010: 39).

Esta cita es muy imp0rotante para entender la estructura social que se estableció a inicios de la colonia en esta región surpotosina, la población considerada como ‘tendaruna’ se refiere a gente designada a una determinada labor fuera del agro y el pastoreo, era gente designada a las labores en ingenios y minas para su sustento cotidiano, para un fin determinado, recuperar y sostener los registros de la cedulas donde ellos eran anotados.

Para mediados del siglo XVII, las parcialidades de Calcha, Talina y Cotagaita, han reducido su población tributaria, seguramente por dos causas naturales de explotación laboral, el trabajo minero y para la ampliación y circulación de rutas de comercio entre Potosí y Tucumán. No olvidemos que los Chichas se caracterizaban en su actividad económica doméstica, la cría y mantenimiento de ganado camélido, entonces, podían cobrar un circuito de desplazamiento de mercaderías de menor dimensión, dentro de esta macro región andina y pie de valles mesotermos.

Consecutivamente, esta región produjo un doble proceso de establecimiento de rutas de acceso comercial a zonas de administración y control fiscal admitidos por la colonia española. Una de origen prehispánico entre las comunidades de Lipes y Chichas dirigidas hacia el sur de territorio charquino, hasta Jujuy y Salta, la otra vía fue impuesta por los españoles en torno a las poblaciones estacionales entre Calcha, Cotagaita, Tupiza y Talina. La forma de explicar esta dinámica de comercio, se relaciona directamente con los enclaves estratégicos, al estructurarse los asientos mineros en estas dos provincias de origen pre-hispano ubicadas en el cono sur de Charcas. Estos asientos mineros fueron consecutivamente, Chocaya, Tatasi, Chorolque, San Vicente y Santa Barbara.

La ruta de comercio en la colonia temprana
“Los arrieros transportaban plata desde Oruro hasta Potosí o Arica y regresarían luego a Oruro cargados de artículos importados. De los que declaran ser artesanos (carpinteros, herreros, sastres, zapateros, sombrereros, plateros) algunos serian ayudantes de españoles” (Sánchez, 1985: 103-104).

La arriería era una actividad importante para las zonas de contacto comercial temprano, pues validan su dinámica económica trasladando insumos entre los centros de poblamiento étnico y los asientos de producción de minerales.

En una primera instancia, para referirse a una ruta colonial de comercio hay que aclarar dos tipos de actividad económica distinta en su modo de concebir conceptual desde la óptica de la historia; la relacionada a la imposición y establecimiento de tambos[4] de origen prehispánico durante del dominio inca en la época del Tawantinsuyu, y durante la subsiguiente llegada de los peninsulares, para establecer mesones y tiendas de comercio al estilo mercantil europeo.

Se conoce que durante el incario, las rutas de acceso a zonas estratégicas de producción e intercambio, traducidos en una economía comunitaria, fueron importantes establecer colcas y tambos, para la manutención y despliegue de población mitaya y yanacona a centros expansivos y de dominio regional. Es el caso de algunos residuos de la presencia de dos tambos encontrados, en Chocaya, Chorolque e Inca Cancha[5], que fueron parte de este circuito mercantil prehispánico.

Al estructurarse las formas de explotación minera y circulación de mercaderías a inicios del siglo XVII, se establecieron leyes indianas, respecto a la forma de administrar los mesones y tambos en este circuito del sur de Chacras.

“No faltan disposiciones sobre mesones y tambos y caminantes,…manda que los gobernadores, corregidores y alcaldes mayores visiten los mesones, ventas y tambos que hubiere en los pueblos y caminos, y ordenen que haya donde fueren necesarios, y por lo menos casas de acogimiento para los caminantes, aunque sea en lugares de indios, y entre ellos, y hagan que les sea pagado el acogimiento y hospedaje” (Zavala, 1979: 167).

La compilación documental de Silvio Zavala referida a el servicio personal de los indios durante el siglo XVII, nos da a interpretar que durante a temprana colonial hubo un nuevo entramado que se estructuró en torno al sistema de economía comercial y minero. La forma de asumir un nuevo aparato productivo, fue crear una nueva vía, en las que se establecieron las tiendas y casas de hospedaje para el trajín cotidiano de los comerciantes y administradores, de este suelo en proceso de colonización e impacto social en el ámbito laboral.

Siguiendo esta idea, las estipulaciones y oficios sobre este establecimiento de tiendas y el desplazamiento de mercaderías, Zavala confirma que:

13. Los mercaderes, así españoles como indios y de otra cualquier condición, no puedan vender ni rescatar con los indios en dichas provincias si no fuesen en la plaza del pueblo o estancia, en los tiangues de los naturales y tienda publica que para ello tengan, no andando por las casas de los indios con las tales mercaderías.
14. Ninguna persona que tenga a su cargo coca propia o ajena pueda vender ni rescatar con los indios de la coca que tuviese a su cargo (Zavala, 1978: 127).

Para reacondicionar las rutas de acceso en este sistema económico, que simplemente se trató del ramo extractivo en el trabajo minero, se puede ampliar la visión que tuvieron los administradores hispanos, respecto a los dos sectores que imprimían este trabajo de desplazamiento y circulación de mercaderías desde el interés de mercaderes, y la mano de obra indígena impuesta y movilizada para este trajín de bastimentos y mercadería, importante para el rubro productivo minero.

Mapa 2
Las provincias de Chichas y Lípez entorno al Río de la Plata
(1683)


Fuente: AGI Charcas MP Buenos Aires 29 1683

La ruta inmediata para desplazar dicho comercio, fue por la ciudad de Arica que se implementó a fines del siglo XVI, y se imprimió una importante dinámica económica en la primera mitad del siglo XVII. Esta ruta portuaria procedente desde Europa por ultramar, se asentó estratégicamente para complementar las vías de salida que se tuvo que imponer, para acelerar los niveles de exportación de minerales preciosos e internar los insumos para su producción, en esta región minera. La siguiente cita demuestra tal imposición económica, mediante sus vías de comunicación.

(…) la ciudad de Arica tendrá 100 vecinos españoles, sin cantidad de negros y yanaconas que tienen asi para el servicio de la ciudad como de sus haciendas situadas el valle arriba, y muchas entrantes y salientes por mar y tierra, por ser lugar de grande trato, puerto y escala de toda la tierra arriba, adonde llegan muchos navíos cargados de mercaderías de España, y con el azogue de Guancauelica, cargados de vinos de los valles, y adonde traen a embarcar toda la plata que se saca de Potosí, Horuro, Porco, Verenguela, Lipes, Chicas [Chichas] y toda la tierra de arriba, y adonde llega la armada de aquel mar por ella para traerla a Lima, y hacen escala los navíos que vienen del Reino de Chile, por tener buen puerto y seguro. Los vecinos tienen más de mil mulas con grandes recuas para el trajín de las mercaderías a Potosí, Charcas y toda la tierra de arriba, y para traer la plata al puerto, que aunque hay también grandes recuas de carneros, todo es menester por ser mucho el trato, y el camino largo, parte de él despoblado, adonde acuden tantos de todas partes (Zavala, 1979: 88).

Las rutas de acceso son por las ciudades y emplazamientos poblacionales establecidos en esta nueva vía de comunicación, que se inicia desde Lima, El Callao y Huancavelica que se encuentra tierra adentro, desplazando mercaderías regionales, y arribar por el puerto de Arica hasta Oruro, Potosí, Porco, Lípez y Chichas, como regiones intermedias de estacionamiento y desplazamiento de bienes y mercaderías, traídas para complementar este negocio de explotación argentífera.

Otra ruta estratégica que se apertura para el control de comercio y desplazamiento poblacional es el camino hacia Santa Cruz. Esta vía tiene una doble ESTRATEGIA PARA LOS PRIMEROS GOBIERNOS HISPANOS, la primera es retirar y resistir la frontera natural establecida entre la cordillera Chiriguana, y los pueblos de valle en el sur de Chichas, y la otra es acceder a los productos que se producen en zonas de valle denso establecidos en ‘Valle Grande’.

En la siguiente cita hacen mención a esa ruta de acceso a la región de Santa Cruz de la Sierra como enclave estratégico de los peninsulares.

“Real Cedula al Virrey del Perú para que vea lo que escribe el presidente de los Charcas en dos capítulos de una carta arriba incorporada, sobre ciertas poblaciones que convendría hacer, entre ellas los Chiriguanas y el camino de Santa Cruz de la Sierra y aquella provincia, para que provea lo que convenga, Madrid, 20. III. 1590. Charcas 415, lib. II. fs. 65.” (Hanke, 1980: 35)

El dictamen novohispano va dirigido a administrar tierras de valle y sierra en puntos estratégicos de contacto, mediante el camino que se funda para darle mayor accesibilidad a esta zona minera de Charcas con la región cruceña. Inmediatamente se verán que se implementaron otras rutas de acceso, según Silvio Zavala a la provincia de Tucumán, desde Salta, y Jujuy.

Los trajines realizados de parte de los comerciantes entre puntos estratégicos establecidos en torno a los asientos y las villas de Charcas (1680) fue particularmente interesante, pues adquirió real importancia entre puna y costa andina, estructurándose una doble mirada de control entre los valles y la sierra chicheña.

“Si hacen concierto no puedan ganar menos que la cantidad señalada. A los arrieros de mulas, se les de 4 reales cada día de jornal, y 3 reales a los peones; siendo las mulas propias de los indios, se les pague por concierto, con tal que por el trabajo de las personas no se les dé menos jornal del aquí señalado. [13] Villa de Oruro, provincia de Paria, distrito de los Charcas Cochabamba, Misque, Chayanta, Yamparaes, Porco, Tomina, Tarija y Lipes, los voluntarios y mingados han ganado siempre 4 reales el jornal cada día” (Zavala, 1979: 179).

Entrado el siglo XVII, se estableció esta red de comercio donde trajinaba el comercio colonial dominado por indígenas que se hacían cargo de trasladar las mercaderías en recuas de mulas, de las cuales estos eran dueños, así como la mano de obra especializada que se hacía cargo de transportarla en este caso al interior de la Audiencia de Charcas. La introducción de ganados de Europa hacia Tarija (1569) a fines del siglo XVI fue parte de este proceso comercial, como bien lo señala Silvio Zavala en uno de sus trabajos sobre la colonización de las provincias del Río de la Plata.

“Como si la corona se hubiera percatado del verdadero destino económico de estas provincias, pone en capítulo especial la obligación de Zarate de meter en la gobernación, dentro de dos o tres años después que llegare, 4.000 cabezas de vacas de Castilla, y 4.000 ovejas de Castilla y hasta 500 cabras y mas 300 yeguas y caballos, para la conquista, población y defensa de la tierra. Zarate tenía ese ganado en la provincia de los Charcas y Valle de Tarija, pues se recordará era un acaudalado del reino alto-peruano” (Zavala, 1977: 433 – 434).

En este caso J.O. de Zarate era un comerciante acaudalado, que incursionó con la actividad ganadera a inicios del siglo XVII, complementando y afectando de sobremanera la actividad agropecuaria de esta región chicheña, pues se trata de un nuevo patrimonio a ser considerado en el mercado colonial temprano. En el siguiente acápite se observará como la dinámica minero comercial se amplifica en esta región eminentemente minera, pero también comercial, durante la primera centuria colonial.

El negocio en artículos de consumo en los asientos mineros de esta región
(…) es con azogue, ensenándolo a beneficiar en breve tiempo por la orden que ha descubierto el Contador Graviel de Castro, y no bedandoles sino guayras; y para que no les falte la materia ni de donde les puedan aver, se les puede mandar pagar en el mismo metal que sacasen, (Matienzo, 1875 [1576]: 151 – 152).

Desde luego la actividad minera de las wayras de origen prehispánico, serán sustituidas por los ingenios de beneficio minero, en este caso en la información que realiza el licenciado Matienzo, se instituye la actividad comercial articulada a este rubro productivo como fue el tratamiento mineralógico del metal extraído de interior mina. En un documento que data de fines del siglo XVI, nos demuestra las ordenanzas sobre la imposición de tiendas y tambos establecidos entre Porco y Chichas, a inicios de esta época expansiva de la plata chicheña.

“Asiento de Porco E V dichos los valles E V que el dicho ferdo. de Toledo fermo la jue dem LL tiene de juron. es de la juron. de proviene de la plapo y asi lo hizo e por el y abitaron y en los dichos valles y asientos sin yn_ (sig. foja) ze pra provedad e justicia della E que responde de la dicha juon. los dichos valles EV los dichos que an sido de proviere E cabo denle E pon dichos mi a ponze cie. E visitont tanbos e provincias andan de cincuenta de los de estos que cometen en el dicho asiento e valles y amplellas a que ponen lo que debieren y a zervidos los de mi tantos de sus a que se oficialicen y que por perderan las del…” (AH-CNM Potosí 1592 s/f).

La otra ruta alterna se había fijado hacia los valles de Cochabamba, pero como generó una importante dinámica comercial, que consiguientemente, significó una masiva explotación de sociedades originarias, para que ello no suceda se generó estas políticas impuestas por el Virrey Márquez de Cañete, quien erigió una ordenanza donde disponía el acceso de mercaderes, y el establecimiento de tambos y tiendas para ampliar este rango de influencia hacia el sur del virreinato peruano.

Para el distrito de Porco se estructuraron límites de dependencia directa con los centros articuladores de economía mercantil, reestructurando la forma de administrar la mit’a minera y agrícola que se complemente dentro de esta dinámica productiva, y la vialidad que se daría a los ausentes entre la población mitaya, para granjear su producción agrícola en torno a las tierras de este sector altiplánico y serrano.

El capitán general de la Provincia de Porco dice que se despachan cobradores e hilacatas a cobrar la tasa y la mita de los ausentes, diciendo que les toca de turno, y los vejan. Los españoles por que no traigan los indios les pagan la tasa y la mita en plata según lo que les corresponde al tiempo que es o no el entero de la mita, por cuya razón faltan en persona dichos indios así en sus pueblos como del servicio de la mita… En esta provincia los indios siembran en sus tierras papa, maíz, cebada y carbón, y conducen estos géneros a la villa de Potosí, como granjería de ellos mismo. Por esta razón no quieren venir en persona a la mita y mingan a otros con plata en su lugar (Zavala, 1979: 191).

El tipo de salario que se articuló entre la sociedad hispana y la población tributaria fue compleja, pues admitió de manera exasperante el juego político entre los jilacatas y los mineros que recuperaban mano de obra minera “libre” entre la población indígena reducida en determinados centros como Talina y Cotagaita. Las comunidades de Porco seguramente se desintegraron de manera temprana, por esta forma de asimilar contacto laboral y comercial en esta puna potosina.

La simbiosis cultural que se produce en torno al contacto comercial entre puna, valle y áreas tropicales secos como fue el chaco tarijeño, marcan el ritmo de crecimiento de poblaciones en el ramo comercial, articulando a Atacama y Tarija en el trajín colonial. En el siguiente extracto se lee como partieron las caravanas desde la puna y su contacto hacia las zonas de costa y valle chicheño.

“En la descripción de la provincia de Atacama que es la última del Perú, por los llanos, explica como los indios de la costa logran matar las ballenas, (p. 618 núm. 1755). Por fin cierra la descripción del Perú con las noticias de los Lipes y Chichas. En la villa de Tarija reside el corregidor que provee el virrey: vienen a servir los indios Tomatas” (Zavala, 1979: 95).

La presencia de sociedades originarias fue fuerte; pero las poblaciones hispanas se establecieron en torno a la presencia multiétnica de sociedades semi-nómadas y sedentarias como el caso de Tomatas y Churumatas y la región de los Atacameños. Indudablemente se trató de una copiosa documentación fundada en torno a este tránsito de trajín colonial novohispano. Con la noticia de Chichas y Lipes como sociedades de origen, fue polémico establecer vínculos de comercio económicamente hablando, pues se trató de implementar niveles de reducción y organización territorial plenamente vigentes durante la época de estudio, con ello generaron un desarraigo de sus zonas de cultivo, desintegrando a las sociedades lipeñas y chicheñas desde sus ayllus de origen.

Sobre el comercio[6] y la movilidad de mercaderes en esta región andina y de valle, una ordenanza emitida a mediados del siglo XVII establece el vínculo entre un trajín de mercaderías y las áreas de explotación minera; esta forma de explotación de origen mercantil, atrajo varios intereses de mercaderes y mineros españoles, por el control y/o mantenimiento de esta región de los Chichas:

“Hordenanza echo para que los mercaderes no gozen del privilegio consedido a los demás y por que no es justo que socolor del dicho provilegio los mercaderes que bienen a los lugares de minas atraen mercaderías fiadas deven otras deudas En cualquiera manera defrauden a sus acreedores conprando minas e ynjenios pretendiendo que por tales deudas no se les puedase bender = Hordeno e mando que si alguno mercader comprare las dichas minas o ynjenios que por las tales deudas que debieren antes de la dicha compra se las pueda bender como los demás viere y lo mismo sea a otras qualesquiera personas si las deudas fuesen contraydas antes que comprasen las dichas minas o ynjenios…” (ABNB, LARACH, Min, 58/2 1665 – 1672 fs. 7).

Las deudas contraídas por la provisión de bastimentos e insumos para  la actividad minera, parece que fue una virtud de esta sociedad mercante, que articulo las rutas de acceso, con la movilidad que provocó la explotación minera en esta zona de trabajo mitayo y minero. La ordenanza iba en contra de este tipo de extracción, que con el devenir del tiempo fue acrecentándose las deudas hacia sus acreedores, pues los dueños de minas necesitaban mucha inversión para sacar el excedente y el capital invertido en esta tarea de usufructo minero. La dinámica comercial se fue aplicando de tres maneras integralmente, la provisión de los mercaderes con suministros, el trabajo mitayo y libre, y desde luego el establecimiento provisional de los ingenios, para el beneficio del mineral extraído de interior mina.

En una de las parroquias establecidas entre el territorio chicheño y de los Lipes, observamos el siguiente documento donde se despliega un comercio interrumpido por causas fuera del sistema colonial, se trata de los disturbios que existían en el Guayco Seco, por la presencia de forajidos que incurrían en una serie de asaltos y saqueos a los viajantes de esta zona minera. La presencia de soldados huidos y la intervención al comercio que ingresaba a este sector pudo haber traído serios problemas a los mineros que estaban laboreando este distrito.

“asados an emanado todos los disturbios e ynquietudes a este donde yo, y mis antesessores, asistimos y donde esta la parroquia y comercio, y pueden resultar y puedan resultar del corte de dichas vetas Ricas como se espera los serán el que vengan, y ocurra, mucha gente de todos los minerales del Reyno, que al presente son de poco útil…y save con evidencia vendrán, y la esperienzia a mostrado, que todos los soldados sueltos procuran avitar en dicho guayco seco…” (ABNB, LARACH, Min, 58/4 1674 fs. 2).

La breve cita documental hace mención a ciertos desertores que hicieron campaña para asegurar la llegada de los peninsulares a esta región minera, pero por su labor distinta a los mineros, tuvieron que quedarse para establecer seguridad, o como en este caso, para el inusitado desorden que habían generado por esta época, de manera provisional. Otro factor para su estadía seguro se debió a la abundante riqueza que se estaba explotando por lapsos de tiempo discontinuos[7].

El contacto entre el norte de los Chichas y Lipes hacia el distrito de Porco fue constante, pues la mercadería procedente de Lima y Huancavelica, arribaba por el puerto de Arica, donde paulatinamente, desde la temprana colonia se articuló un importante comercio por ultramar. La cita siguiente representa el circuito macro-regional establecido en esta serranía minera.

“La ciudad de Arica…traen a embarcar toda la plata que se saca de Potosí, Horuro, Porco, Verenguela, Lipes, Chicas [Chichas][8] y toda la tierra de arriba…Los vecinos tienen mas de mil mulas con grandes recuas para el trajín de las mercaderías a Potosí, Charcas y toda la tierra de arriba, y para traer la plata al puerto, que aunque también hay grandes recuas de carneros, todo es menester por ser mucho el trato, y el camino largo, parte de el despoblado, adonde acuden tantos de todas partes…” (Zavala, 1979: 88).

La comunicación vial se articuló de tal manera que puede considerarse un comercio importador de bienes e insumos traídos de diferentes partes del mundo, que arribaban, vía ultramar, por las ciudades y villas establecidas en esta parte del continente. Entonces se tuvo que recurrir a una serie de mecanismos que haga dinámico esta vía marítima y terrestre, pues por medio de los tambos y casas de hospedaje se tenía acceder a zona de montaña, por medio de los puentes y caminos de herradura que fueron reinstaurados, a medida que se acrecentaba la actividad comercial de tipo colonial.

Una forma de activar este flujo mercante, fue la presencia de sociedades trashumantes, estructuradas entre las villas de Tarija y Potosí; como lo afirma la historiadora argentina, Raquel Gil Montero al respecto territorio estudiado: “Los valles de la actual Bolivia (Fundamentalmente los de Tarija y Chuquisaca) son los lugares más nombrados en los testimonios de viajes de intercambio. Estos circuitos, que pensamos son de larga duración y que fueron recorridos con frecuencia, se convirtieron en una alternativa de migración –no necesariamente permanente– para la población de la puna en momentos de crisis” (Gil Montero, 2004: 151).

La actividad comercial fue creciente, dependiendo del motor que activaba este ritmo, es decir el rubro mercantil, que aplicada a una serie de asientos mineros atrajo la atención de buena cantidad de mano de obra trashumante, para la transportación de mercadería proveniente de las provincias del Río de la Plata, así como la que arribó de la ciudad de Arica.

Un interesante documento transcrito y publicado por el historiador Carlos Zanolli (2010), hace mención a los ‘tendarunas’ que trabajaban en torno a esta forma de trabajo comercial y minero, en el establecimiento de los ingenios para el tratamiento del mineral, se trata de dos indígenas considerados como tendarunas para el servicio de un hacendado establecido en la villa de Tarija, que por derecho justifica su usufructo de esta mano de obra laboral.

Francisco López Buenavida su vecino [de Tarija] el cual tenía dos indios de plaza que llaman tendarunas de los que se reparten los vecinos de dicha villa de los pueblos de Calcha Talina y éste de Santiago por cuya muerte han vacado los dichos dos indios y por cédulas y provisiones reales se le manda a los señores corregidores que luego que vaquen los depositen con el vecino más benemérito por lo cual y serlo don Pedro Sánchez Casasola venticuatro de la dicha villa y en quien concurren las partes y calidades que en conformidad de los apuntamientos e instrucciones del real gobierno superior de estos reinos se requieren y tener haciendas de viña y tierras que cultivar y ganado que gurdar de que resulta gran útil y provecho a la dicha villa y asientos de minas de esta dicha provincia (AHT FC doc. 2 1653, Citado por: Zanolli, 2010: 34).

Los “indios de cédula” eran considerados como propiedad real de la corona hispana, consiguientemente tenían la obligación del servicio personal hacia este ente secular europeo, asentado en el distrito de Tarija, como bien sabemos era parte integrante del territorio chicheño, administrado judicial y políticamente por el corregidor y justicia mayor de este territorio originario. Entre Calcha, las reducciones de Talina y Cotagaita, se obtenía buena cantidad de gente distribuida para el tributo mitayo, y las habituales cédulas con diverso trabajo manual y mecanizado.

La vía del Atlántico por Buenos Aires
En el contexto de la región geográfica que estamos analizando, la provincia de los Chichas tiene características singulares, pues pasa a depender comercialmente por la zona norte de la Provincia de Tucumán, en torno a las provincias del Río de la Plata, que de manera topográfica colinda con zonas de valle y sierra, entre la puna jujeña y la villa de San Bernardo de la Frontera de Tarija, que consecutivamente se va perfilando el paso obligado del trajín colonial hacia la ciudad de Buenos Aires.

Desde luego, la ruta inmediata para el paso de mercaderías y producción minera fue por el Puerto de Arica, pero para el comercio y flujo de mercancías provenientes del Atlántico, tuvo que circular por esta ruta en torno a la provincia del Río de la Plata. La región estratégica de los Chichas, es parte de este circuito mercantil en la colonia temprana. Los documentos y fuentes impresas encontradas en torno a esta jurisdicción son indispensables para el análisis estructural de este artículo.

En uno de los tumultos suscitados en la región continua de los Lipes y Chichas, se observa en un expediente donde se dio la pacificación de Chocaya, iniciada a comienzos del siglo XVII, este expediente se refiere sobre el caso:

“(…) que hizo muy buenos efectos en la administración de la justicia y despues leído corregidor de la provincia de los Chichas y gober (fs.) nador de Chocaya con muy buena opinión de buen juez y supo que en los disturbios de los Lipes entro con mucha gente a su costa ala pacificacion de ellos que se consiguió la paz mediante la fuerza que tomo la justicia y que todo abia sido a su costa en que se remite a sus testimonios…” (AGI Charcas 95 N 18 1656 fs. s/f).

Los gastos que se mencionan para apaciguar este disturbio son amplios, pero no se menciona los pormenores de este caso que, aunque se intruye que fue un problema entre peninsulares que se confrontaron por el derecho a explotar las vetas de este distrito minero continuo de Chichas y Lipes, invirtiéndose gran cantidad de costas para que llegue a su fin en el proceso donde apaciguarían ambos intereses en conflicto.

En los méritos que se observan en estos expedientes, se observa la plata explotada y producida en Chocaya, considerado que este asiento minero se encuentra dentro de este circuito minero-comercial que funcionaba desde dos periodos continuos, desde la época prehispánica, y el periodo colonial temprano, cuando se descubrió la veta denominada como ‘Nuestra Señora de los Clarines’ que ganó gran fama en su etapa inicial de explotación, por poseer un importante ingente de producción de plata.

“(…) an cressido y aumentado assu Real hacienda en mas cantidad de quinientos mill pesos y en especial de la gruessa cantidad de metales rricos que de mas tiempo de diez años a esta parte se an sacado y veneficiado en el asiento rrico de Chocaya donde a asistido el dicho mi parte siendo de los primeros pobladores de aquel asiento y de los mas ynteressados (fs. 2v) en la veta de clarines de donde como es notorio se a sacado gran suma de metales rricos (AGI Charcas 93 N 5 1646 fs. 2r y v).

La dinámica movilidad que ocasionó el descubrimiento de esta mina, fue polémica y parte de otra historia aparte a traducirse desde los documentos coloniales, sin embargo, al referirnos a este tipo de explotación de minerales preciosos, como representó la plata potosina del sur de este territorio, tenemos buena cantidad de datos que confirman ese auge, estableciendo un vínculo entre productividad y contacto comercial con la costa y sierra de Charcas, y ésta direccionada natural y geográficamente hacia el sur de las provincias del Río de la Plata. En otro importante dato del circuito productivo, del demandante de los méritos al que se recurre en este expediente afirma:

(…) que el dicho mi parte assido assimismo poblador del y de las minas de El asiento y cerro de Chorolque de donde assacado y beneficiado gran suma y gruessa de metales limpiando para ello muchas minas antiguas que estavan ciegas y cubiertas y descubriendo otras de nuebo y mediante la yndustria y cuydado que a tenido el dicho Alonsso de Fonseca Falcon mi parte en dichas labores y beneficio de metales de (fs. 3) delas que pala mayor parte es negrillo salio alus el beneficio de los dichos metales quepa ignorancia y poca yndustria los antiguos no las labravan ni beneficiavan las dichas minas por la nueba dificultad que tienen sus metales en el beneficio y mediante la yndustria y modo del beneficio que saco a lus el dicho mi parte (AGI Charcas 93 N 5 1646 fs. 2v - 3).

Las zonas estratégicas para acoger sociedades laborales fueron en esencia cuatro; Chocaya, Chorolque, Tupiza y Yavi[9] al sur de los Chichas. Un expediente de Zanolli establece dicho vínculo entre puna y sector montañoso. Otro enclave estratégico fue  establecido en el valle de Tarija con dirección Sur-este, como lo afirma Raque Gil Montero, “Los minerales fueron la razón del temprano poblamiento hispano de la puna y de que el asentamiento de Cochinoca estuviera más poblado aún que el de Humahuaca, cabecera del curato. A comienzos del siglo XVII, don Francisco de Alfaro reparó en otra actividad importante de la región” (Gil Montero, 2004: 73). Consiguientemente esta región estaba ligada por Tarija y Potosí como su punto culminante de actividad comercial, relacionando los territorios de Chichas al estructurarse este entramado colonial temprano.

Entre las zonas de puna y valle que se conciben en esta época, se tiene conocimiento de varios enclaves económicos que complementan la actividad minera al rubro comercial, desde la internación de cabezas de ganado, hasta los bastimentos traídos de Santa Cruz de la Sierra, vía las rutas del valle chuquisaqueño atravesando ‘los Cintis’, para llegar a la zona chicheña.

Complementando esta actividad minera en el rubro comercial, se tiene noticia sobre que hubo otra ruta complementaria a este entramado trajín colonial, la que distaba desde Porco hacia Ocuri y Aullagas en el extremo norte del actual departamento de Potosí, donde se observa de manera evidente, la situación del gremio de azogueros que mantenía con la provisión del mercurio, para beneficiar los ingenios mineros de Chichas y Lípez. El gremio de azogueros en el distrito de Porco, aseguraba la actividad de los agricultores de haciendas habilitadas entre esta región y la continua de los valles de Pilaya y Paspaya, complementando así esta dinámica comercial, como se anota en el siguiente documento.

 “el dicho maestre de campo el asoguero de mas cuenta y trabaxo que a avido en dicha villa en que solo el suso dicho caba [sic] mas gente al cerro que todo el gremio de los asogueros juntos por cuia razón el gasto que tiene todas las semanas es grande pues en algunas no queda en su casa un real y ano [sic] con los frutos de sus haciendas que tiene en la ]provincia de Pilaia y Paspaia no fuera posible tolerar el gasto tan cresido que tiene por que además del que haze en dicha villa no ai mineral en el Reino donde no avíe y se travaxe por su quenta” (ABNB, LAACH, Min 19/2 1689-1690 fs. 12).

La centralidad que existía entre la Villa minera de Potosí, y los centros de abastecimiento productivo, así como los nexos de acceso a estos asientos mineros, se tuvo que cumplir de manera sistemática entre la producción agrícola, mercadería europea y trabajo minero que relevaba este rubro, con la fuerte presencia de minerales explotados, tratados y comercializados en este mercado interior de corte regional. Se sigue con el documento consultado:

“(…) asi en el asiento de Porco Laica Cota Ocuri Aullagas y otros muchos y el asiento de los Lipez que an asegurado a este testigo en uno de los mejores que se an dado y de grande costo y se a lucido el travaxo pues mediante el sean cortado betas de grande riquesa (fs. 13) que o estan dando muchos caudales y quintos a su Magestad…y le dixo avía gastado mucha suma de hacienda y que a no ser por los frutos de sus haciendas de Ingaguasi y Pilaia no pudiera costearse por que el socavon de Porco le costo mucho dinero por (fs. 13 v) que es según le an dicho aeste testigo…” (ABNB, LAACH, Min 19/2 1689-1690 fs. 13).

La imposición del Quinto Real establecida en la temprana colonia, no se rompió en su dinámica de control administrativo, pues se velaba desde los regidores y administradores, como alcaldes mayores de minas, para su fiel y leal cumplimiento. A pesar de que no tuvo su consistencia en la aplicación de esta norma impositiva, sabemos que hubo una importante o considerable fuga de capitales por las provincias del Río de la Plata (hacia Buenos Aires) pero a la vez, dinamizó la actividad del rubro comercial de corte americano, como fueron los comerciantes y mercaderes dedicados a este rubro minero.

Conclusiones
Un empresario minero como Antonio López de Quiroga (Bakewell, 1988: 163-165) tuvo que acrecentar sus capitales estableciendo sus haciendas en torno a Pilaya y Paspaya, como valles templados que se encuentran entre Los Cintis, este dato que se tiene induce a pensar que se trató de una época de constantes cambios y mutación, entre caminos prehispánicos y nuevas entradas hacia los sectores donde se trabajaba el rubro minero, complementándose provisionalmente, para la consecutiva llegada de nuevos comerciantes en los sucesivos siglos del periodo colonial.

La aparición de los ingenios en la época del virrey Príncipe de Esquilache, se aminoró la mano de obra mitaya, por la proliferación de vetas en el distrito de Chichas, así se acopló en un circuito de dinámica mercantil, en esta provincia minera situada en el Sur de los Charcas. La sustitución de mano de obra mitaya por mano de obra asalariada, impuso una importante movilidad comercial entre esta sociedad ‘libre’ de tributo establecido por el estado español. El ritmo de crecimiento comercial que se estableció entre las poblaciones situadas en torno al Rio de la Plata, vigorizó la producción de plata en el sector de la provincia de Chichas, generando un contacto productiva entre Porco y las villas ubicadas entre la costa del Pacífico, y también los valles de Cochabamba y Santa Cruz de la Sierra.

Las palliris[10] y el trabajo experimentado en las canchas (1603) ubicadas fuera de las minas, granjeó una importante experiencia comercial en los sectores mineros de Chichas y Lipez. Se considera una movilidad poblacional de sociedades alternas, que activaron, y vigorizaron esta dinámica económica, estructurando un vínculo entre sociedades chicheñas, hispanas y forasteras provenientes de tierras bajas y altas del territorio administrado por el Virreinato peruano.

Fuentes y Bibliografía
Fuentes Primarias
Archivo General de Indias AGI
Charcas 95 N 18 1656 Méritos
Charcas 93 N 5 1646 Méritos.

Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia ABNB
Libros de Acuerdos
Audiencia de Charcas
LAACH, Min 19/2 1689-1690.
LAACH, Min, 55/1 1624 – 1627.
LARACH, Min, 58/4 1674. Provincia de los Lipes
LARACH, Min, 58/2 1665 – 1672.

Archivo Histórico de la Casa Nacional de Moneda AH-CNM
Sobre la visita de los tambos de Porco, 1592.

Fuentes impresas (Crónicas)
MATIENZO, Juan de
1875. [1567]    Memoria del licenciado Matienzo al excelentísimo señor Don Francisco de Toledo Visorrey del tan cerca del asiento de la provincia de las Charcas, sobre el labrar de las minas. En Colección de documentos inéditos de las antiguas posesiones españolas de América y Oceanía sacados de los archivos del Reino y muy especialmente del de Indias. Madrid: Imprenta de Manuel G. Hernández.

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1979                El servicio personal de los indios en el Perú, extractos del siglo XVII. Tomo II. México: El Colegio de México.

1977                Orígenes de la colonización en el Río de la Plata. México D.F.: El Colegio Nacional.


Agradecimientos
Mis agradecimientos a todos los que participaron en esta obra monográfica, que de manera preliminar se expone en este evento, organizado por asociados a los Estudios Bolivianos. A la Universidad San Francisco Xavier de Chuquisaca, como ente académico que motiva a nuestras investigaciones en las Ciencias Sociales.





[1] Docente e historiador USFX.
[2] La verticalidad de pisos ecológicos de puna, valle y costa, fue planteada por John Víctor Murra, en sus estudios tomando como ejemplo, una parte de la cuenca lacustre de dominio Lupaca en, “Formaciones económicas y políticas del mundo andino” (Murra, 1975).
[3] Las oblaciones de Tupiza y Talina eran reductos de españoles e indígenas respectivamente, que para el caso de Chichas, correspondía con un importante contingente de sociedad servil, mucha de ella de origen Chicha.
[4] Tambos. “Los mas de estos aposentos Reales siruen al presente de tambos a los pasageros que son como ventas, o mesones en que se albergan otros muchos que no siruen denotan sus Ruinas, la grandeza y magestad que tenian en aquellos tiempos; demas de lo qual para que se considere el buen Gouierno que tenian para tener de todas partes brebes auisos de lo que se hazia o sucedia en qualquiera parte del Reyno auia por todo el en los Caminos Reales casillas a trechos vna legua vna de otra, donde de ordinario auia vno, v dos indios, que era como posta, o correo, que en aquel Reyno llaman Chasque, que cada pueblo comarcano tenia obligacion a tenerlos alii por el que Gouernaba aquella prouincia, y quando el inga auia menester despachar a toda diligencia, corria el indio aquella legua a todo Correr, y antes de llegar al otro Chasque…” (Vazquez de Espinosa, 1948 [1622]: 362).
[5] Comunicación personal de Orlando Tapia, quien hizo un reconocimiento de sitios arqueológicos en el municipio de Atocha (Sud Chichas) entre fines del año 2014 e inicios del 2015.
[6] El documento hace referencia al “Concurso de acreedores formado contra los bienes que quedaron fin y muerte de don Domingo Martínez de Argandoña, dueño que fue del ingenio de San Francisco, provincia de los Lipes”. Fojas 118. (ABNB, LARACH, Min, 58/2 1665 – 1672).
[7] Existe un reciente trabajo publicado por Raquel Gil Montero (2015), sobre “Ciudades Efímeras”, el ciclo minero de la plata en Lipez, siglos XVI-XIX, donde también hace mención a este Guaco Seco, plagado de viajeros y prostitutas dedicados a la vida libre y desordenada.
[8] Corregido entre corchetes por el autor.
[9] Para 1859 “…Yavi tiene entre ganaderos, comerciantes y labradores más hilanderos, tejedores, sirvientes y mineros un total de 2.235 pobladores entre mujeres y varones”. (Gil Montero, 2004: 164).
[10] “Los indios de repartimiento que de ordinario se ocupan en la labor de las minas, son 4.000. Los mingas que se alquilan de su voluntad son 600. Los que se ocupan de limpiar el metal que sacan de las minas a las canchas serán más de 400 y son muchachos que ganan 1 peso al día y algunos más. En pallar que es buscar tierras de metales sueltos en la superficie de la tierra, se hallan más de 1.000 indios, muchachos y mujeres, y los venden por cargas, y ganan más de 1 peso por día. Los indios de repartimiento en los ingenios son 600. Los mingados (voluntarios) en los ingenios son 4.000…” (Zavala, 1979: 25).

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