Anuario de Estudios Bolivianos Archivísticos y Bibliográficos, nº 22
81 - 102, Sucre, 2016 (Vol. II)
ISSN: 1819-7981
81 - 102, Sucre, 2016 (Vol. II)
ISSN: 1819-7981
Los circuitos comerciales en la región
de los Chichas.
Siglo XVII
Germán
Mendoza Aruquipa[1]
Presentación
“Don
Garcia Hurtado de Mendosa Marques de Cañete señor de la Villa de Ariegete […]
Visorrey Gobernador y capitán general en estos reinos y provincias del Piru
tiera ferme que leva […] de la Villa Ymperial de Potosí […] de la plata alcalde
por orden y votación real della de Porco […] de darle mi provisión y para que
no os remitiese de el enotiziasen y visitasen en los dichos tambos de las
indistrito y en esta manera y por mi yn pco que si dicho a los de dar e de la
prepor el qual vos mismo…” (AH-CNM Potosí 1592 s/f).
El presente
artículo pretende alcanzar a una región minera del suroeste del actual
territorio boliviano, que de manera estratégica conformó una franca red de
comercio nativo y colonial durante el siglo XVII. El objetivo que se tiene para
escribir esta temática y darla a conocer a la sociedad, es impulsada por una
primera etapa de investigaciones llevada a cabo en el marco de un convenio
realizado el 2014, entre un municipio de Sud Chichas y la USFX, del cual se
extrae importantes conclusiones aplicadas en este trabajo realizado.
Introducción
La forma de
asumir este trabajo de esta historia de larga data, significa remitirse a los
documentos históricos que poseen las instituciones que resguardan dicho
patrimonio, como son los del Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia (Sucre
– Bolivia) y el Archivo General de Indias (Sevilla – España) que indudablemente
poseen importante información para llevar a aplicarlo en este trabajo. Se asumió
como tarea importante, el entramado comercial que se re articuló, luego de
desintegrarse el estado prehispánico del Tawantinsuyu a mediados del siglo XVI.
En el proceso
histórico a visualizarse objetivamente, se analizan la dinámica comercial de
los peninsulares, frente a la masa laboral que se estableció en torno a los
sectores productivos mineros, entre asientos mineros y poblaciones reducidas a la
mit’a minera.
Enfoque teórico
Dentro las
investigaciones del periodo colonial, se tiene a varios autores extranjeros, que
trabajaron o investigaron sobre esta temática, entre ellos Assadourian, (1980 y
1982) Presta (2000) Glave (1989) Langer y Conti (1991)
para el siglo XIX. En el mismo se tratan temas como el comercio colonial, las
rutas de acceso al altiplano meridional por las costas del pacífico y
atlántico, así como la adaptación de tambos prehispánicos dentro la económica
colonial temprana. Al mismo tiempo, asumen una postura de la administración
colonial hispana, respecto a las tierras consideradas como tradicionales, utilizadas
para el usufructo durante el periodo prehispánico, por parte de los primeros
encomenderos, arribados a esta región de valle y puna. El mayor aporte fue del
historiador argentino Assadourian (1982) quien propone el sistema de economía colonial
estructurado, luego de la imposición de los regímenes españoles de la mita
minera, así como de la encomienda colonial en torno a los distritos productivos
del agro, cercanos a los centros de beneficio minero.
En todo caso este autor
articuló la relación de bienes intercambiables como, la mercancía-dinero y la
producción agrícola limitada, dentro de un trueque comercial en las regiones unidas
a este sistema colonial. Al respecto afirma que, “(…) la historiografía liberal
como a la marxista, ha sido reforzada en la última década por la teoría de la
dependencia, que define a las economías mineras de exportación como enclaves,
más integradas al mundo exterior que a la economía del territorio en que
funcionan” (Assadourian, 1982: 279). El factor analizado en este proceso será, la
operatividad de estos bienes de capital, invertidos en ciertos espacios o
jurisdicciones administradas por el régimen español.
En este mismo
sentido, asumiendo un estudio desde el periodo colonial –será optar por condicionantes
que generen esta dinámica comercial– al ritmo interno en las regiones donde se
desarrollaron las sociedades originarias. “Es decir, sería necesario estudiar las
consecuencias de la producción minera en la determinación del nivel general de
precios en las producciones regionales del espacio colonial” (Assadourian, 1982: 292). Consecutivamente,
los ritmos de cambio en los niveles de productividad, estarán condicionadas por
fenómenos que escapan fuera del control estatal novohispano.
Luis Miguel Glave
(1989) toma una postura diferente, al asumir la presencia y el desenvolvimiento
de las sociedades adaptadas a estos circuitos comerciales, refiriéndose a
pueblos originarios que se integran a este ritmo vertiginoso de circulación
mercantil. En otro sentido Ana María Presta (2000) asume la presencia de
familias hispanas que se adaptaran, a la actividad comercial, desde la adopción
de la encomienda en la región de los Charcas, donde observa el papel que
jugaron algunas familias negociantes dentro este circuito. Complementando estos
aportes, se tiene el trabajo de Conti y Langer (1991) quienes afirman que la
red de comercio tradicional se articuló a los mercados en los andes centrales
meridionales, asumiendo nuevos mercados en condiciones distintas al periodo
colonial, pero desde los mismo caminos tradicionales de arriería y herradura
originados en una larga data.
Desde esta
perspectiva, fue evidente la presencia de caminos remitidos al Qapac Ñan, o
considerado como el “camino real” durante el coloniaje, donde se adoptó una
ruta de circulación mercantil, (Uma-urcu) acoplada a los centros agrícolas
de valle, aledaños a este sistema vial, complementando la verticalidad[2]
y horizontalidad de pisos ecológicos de puna, valle y trópico, donde se extraían
productos dirigidos hacia los asientos e ingenios mineros. Esta actividad
económica será considerada dentro la historiografía actual como, la dinámica
comercial al estilo hispanoamericano.
Las rutas de
comercio colonial temprano en la provincia de los Chichas, estructuradas en una
continua territorialidad de los Lipes, es abordado en este artículo para
visualizar de mejor manera, en una etapa comprendida entre las primeras décadas
del siglo XVII, hasta finales de la mencionada centuria. Un contexto
sociocultural bastante complejo, es reflejado en la presente investigación,
fruto de un contacto multicultural entre sociedades hispanas y nativas, como
fueron los Chichas y Lipes, proceso que generó una simbiosis
laboral entre la actividad minera y la circulación mercantil, desde zonas de
producción agrícola, como del eje que activó el circuito monetario, fiel
reflejo de varios grupos de mercaderes trayendo objetos de ultramar, que
ingresaron por el Pacífico y el Atlántico autorizados desde la corona hispana. Este
fenómeno se aditamento, para estructurar un cierto orden y control entre las
colonias asentadas en la región minera de los Chichas.
Mapa
1
Mapa
de la Provincia de Salta donde contempla
las
provincias de Chichas y Lípez
Fuente: "Demostración
Geográfica de las Provincias que abrasa cada Yntendencia de las establecidas en
la parte del Perú desde Salta, Pertenecientes a el Virreynato del Río de la
Plata”
AGI MP Buenos Aires 154 1783-12-31.
Si bien el mapa
remite al lector al siglo XVIII, las regiones divididas administrativamente por
la corona hispana, estaban bajo tuición o entorno a las provincias del Río de
la Plata, incluyendo las estudiadas en este trabajo. Desde Chayanta, Porco,
Chichas y Lípez, las regiones pasaron a conformar durante este siglo al
Virreinato del mismo nombre. La margen occidental fue incidentalmente compuesta
por líneas de acceso a tierras de explotación minera que compartieron, pisos
ecológicos continuos entre chaco, valle tupiceño, puna y altiplanicie potosina,
con un margen independiente frente a los dos mares de Norte a Sur.
Los caminos prehispánicos de Lípez y
Chichas
El
trajín de mercaderes hacia el año 1600 tuvo una importante labor para contactar
zonas de consumo y centros productivos de Charcas. Es decir se llegó a
contactar las tres zonas continuas de los Chichas, esto es valle, puna y zonas
continuas del Chaco austral. En el siguiente documento describe tal movilidad
comercial.
Desde el pueblo de
Potosí, declinando un poco al Oriente, se entra en la provincia de los Chichas,
a dos jornadas andadas, los cuales son indios bien dispuestos, belicosos; su
tierra, rica de oro y plata, sino que no la quieren descubrir. Llega esta
provincia hasta el último pueblo de ellos, y de la jurisdicción del reino del
Perú, llamado Talina, 50 leguas buenas de Potosí, el camino no malo, y los
valles donde están los indios poblados, de moderado temple, con abundancia de
mantenimientos y ganados, así de la tierra como de los nuestros; a cuya mano
derecha queda la provincia de los Lípez, no muchos indios, muy fría y
destemplada, donde no se da maíz; en lo demás de fama, si no es por las piedras
medicinales… (Lizárraga, 1968 [1605]: 91).
Fray Reginaldo de
Lizárraga describe a las rutas de acceso de los Chichas y Lipes tiene mucho que
ver con la antigua vertebración caminera visibilizada por los incas a inicios
del siglo XVI, re-implementada luego de impulsada en una explotación masiva, de
minerales preciosos en el sur de Charcas, entre la frontera de los
‘Chiriguanas’ y la zona limítrofe con la provincia colonial del Tucumán. Dentro
de la dinámica comercial que van a entablar hacia mediados de este siglo, se encuentra
el yacimiento de Porco, así como las rutas de acceso al litoral del Pacífico.
Es en esta región estratégica que conformaran una importante red de tráfico
comercial a inicios del siglo XVII, que dio pie al sistema de economía colonial
sostenida por el estado hispano, hasta bien entrado el siglo XIX.
Las rutas de
acceso se ubicaran entre Yavi y Tupiza, como nuevo asentamiento español, así
como Palquiza y San Antonio del Nuevo Mundo y Nuestra Señora de Atocha. En el
extremo norte estaba Porco y sus asentamientos en la región del sur de
territorio charqueño. Discriminando rutas coloniales y caminos prehispánicos
tenemos a, Chocaya La Nueva, Cotagaita, Tupiza, Talina y Jujuy con su contacto
administrativo ubicado en la villa de San Bernardo de la Frontera pertenecieron
a la administración hispana; y se ubicó a Calcha, Chocaya ‘la Vieja’,
Chorolque, Inca Cancha, Tupiza, Talina[3]
y Yavi como centros de comercio que provenían del periodo pre-colonial.
Indudablemente, se trató de un contacto comercial expresado en monedas en
metálico, complementado con agricultura y pecuaria proveniente de la puna
jujeña y el valle cochabambino.
Para la Provincia
de los Chichas en esa época, contaba con la siguiente población de origen
americano:
Provincia de los
Chichas: 1.667 naturales, 224 forasteros de diferentes pueblos de la mita de
Potosí, 152 yanaconas de S.M. (Zavala, 1979: 109).
El total de la
población que habitaba la provincia de los Chichas llegaba a 2.043 registrados
en los padrones de la temprana colonia, que según Zavala, partirían de las
reducciones de pueblos de indios, así como los encomendados, y la mano de obra
trabajadora en interior y exterior mina, considerada como mitayos al servicio
de su majestad. El otro enclave será Chocaya, como lo afirma las observaciones
e informaciones de los primeros pobladores de origen hispano que arribaron a la
zona.
“Se han
descubierto minas ricas en Chocaya, en el corregimiento de Tarixa.” El último
repartimiento dado a Potosí, corrió por mano de D. Juan de Carvajal, siendo
presidente y visitador de Charcas. Hay contienda entre azogueros y soldados.
Por cédula del 6 de abril de 1636 mandó SM que se procurase satisfacer a los
dueños de ingenios dándoles indios que habían llevado los soldados; lo ha
comenzado a hacer el Presidente de Charcas, Don Juan de Lizarazu. El nuevo
virrey procure que se entere la mita” (Zavala, 1979: 107).
La población
tributaria estaba distribuida entre Chocaya y Talina, como centros
articuladores de cualidad estacional permanente, así como su centro de control
tributario al ingenio establecido en Tupiza. Estas poblaciones de un mismo
origen étnico, procedían de diferentes pisos ecológicos enraizados entre
Cotagaita, Calcha, Yura y Porco, como lo demuestra la siguiente fuente
documental consultada en el trabajo de Carlos Zanolli:
(…) indios Chichas de los pueblos de
Calcha, Cotagaita y Talina que los señores virreyes encomendaron a los vecinos
de esta frontera de San Bernardo de Tarija para poblarla y defenderla de los
enemigos”. Nos hemos referido a ellos cuando hablamos de los indios tendarunas.
Corresponden a la parcialidad de Calcha 124 indios varones, no reconocen
curacas y tampoco indios ausentes. La parcialidad de Talina tiene 49 indios
varones, un cacique y no reconoce indios ausentes. Santiago de Cotagaita posee
58 indios varones y no se reconocen ni curaca ni indios ausentes (Zanolli, 2010:
39).
Esta cita es muy
imp0rotante para entender la estructura social que se estableció a inicios de la
colonia en esta región surpotosina, la población considerada como ‘tendaruna’
se refiere a gente designada a una determinada labor fuera del agro y el
pastoreo, era gente designada a las labores en ingenios y minas para su sustento
cotidiano, para un fin determinado, recuperar y sostener los registros de la
cedulas donde ellos eran anotados.
Para mediados del
siglo XVII, las parcialidades de Calcha, Talina y Cotagaita, han reducido su
población tributaria, seguramente por dos causas naturales de explotación
laboral, el trabajo minero y para la ampliación y circulación de rutas de
comercio entre Potosí y Tucumán. No olvidemos que los Chichas se caracterizaban
en su actividad económica doméstica, la cría y mantenimiento de ganado
camélido, entonces, podían cobrar un circuito de desplazamiento de mercaderías
de menor dimensión, dentro de esta macro región andina y pie de valles
mesotermos.
Consecutivamente,
esta región produjo un doble proceso de establecimiento de rutas de acceso
comercial a zonas de administración y control fiscal admitidos por la colonia
española. Una de origen prehispánico entre las comunidades de Lipes y Chichas
dirigidas hacia el sur de territorio charquino, hasta Jujuy y Salta, la otra
vía fue impuesta por los españoles en torno a las poblaciones estacionales
entre Calcha, Cotagaita, Tupiza y Talina. La forma de explicar esta dinámica de
comercio, se relaciona directamente con los enclaves estratégicos, al
estructurarse los asientos mineros en estas dos provincias de origen
pre-hispano ubicadas en el cono sur de Charcas. Estos asientos mineros fueron
consecutivamente, Chocaya, Tatasi, Chorolque, San Vicente y Santa Barbara.
La ruta de comercio en la colonia
temprana
“Los arrieros
transportaban plata desde Oruro hasta Potosí o Arica y regresarían luego a
Oruro cargados de artículos importados. De los que declaran ser artesanos
(carpinteros, herreros, sastres, zapateros, sombrereros, plateros) algunos
serian ayudantes de españoles” (Sánchez, 1985: 103-104).
La arriería era
una actividad importante para las zonas de contacto comercial temprano, pues
validan su dinámica económica trasladando insumos entre los centros de
poblamiento étnico y los asientos de producción de minerales.
En una primera
instancia, para referirse a una ruta colonial de comercio hay que aclarar dos
tipos de actividad económica distinta en su modo de concebir conceptual desde
la óptica de la historia; la relacionada a la imposición y establecimiento de
tambos[4]
de origen prehispánico durante del dominio inca en la época del Tawantinsuyu, y
durante la subsiguiente llegada de los peninsulares, para establecer mesones y
tiendas de comercio al estilo mercantil europeo.
Se conoce que
durante el incario, las rutas de acceso a zonas estratégicas de producción e
intercambio, traducidos en una economía comunitaria, fueron importantes
establecer colcas y tambos, para la manutención y despliegue de población
mitaya y yanacona a centros expansivos y de dominio regional. Es el caso de
algunos residuos de la presencia de dos tambos encontrados, en Chocaya,
Chorolque e Inca Cancha[5],
que fueron parte de este circuito mercantil prehispánico.
Al estructurarse
las formas de explotación minera y circulación de mercaderías a inicios del
siglo XVII, se establecieron leyes indianas, respecto a la forma de administrar
los mesones y tambos en este circuito del sur de Chacras.
“No faltan
disposiciones sobre mesones y tambos y
caminantes,…manda que los gobernadores, corregidores y alcaldes mayores
visiten los mesones, ventas y tambos que hubiere en los pueblos y caminos, y
ordenen que haya donde fueren necesarios, y por lo menos casas de acogimiento
para los caminantes, aunque sea en lugares de indios, y entre ellos, y hagan
que les sea pagado el acogimiento y hospedaje” (Zavala, 1979: 167).
La compilación documental
de Silvio Zavala referida a el servicio personal de los indios durante el siglo
XVII, nos da a interpretar que durante a temprana colonial hubo un nuevo
entramado que se estructuró en torno al sistema de economía comercial y minero.
La forma de asumir un nuevo aparato productivo, fue crear una nueva vía, en las
que se establecieron las tiendas y casas de hospedaje para el trajín cotidiano
de los comerciantes y administradores, de este suelo en proceso de colonización
e impacto social en el ámbito laboral.
Siguiendo esta
idea, las estipulaciones y oficios sobre este establecimiento de tiendas y el
desplazamiento de mercaderías, Zavala confirma que:
13. Los
mercaderes, así españoles como indios y de otra cualquier condición, no puedan
vender ni rescatar con los indios en dichas provincias si no fuesen en la plaza
del pueblo o estancia, en los tiangues de los naturales y tienda publica que para ello tengan, no andando por las casas de
los indios con las tales mercaderías.
14. Ninguna
persona que tenga a su cargo coca propia o ajena pueda vender ni rescatar con los indios de la coca que tuviese a su cargo (Zavala, 1978: 127).
Para
reacondicionar las rutas de acceso en este sistema económico, que simplemente
se trató del ramo extractivo en el trabajo minero, se puede ampliar la visión
que tuvieron los administradores hispanos, respecto a los dos sectores que
imprimían este trabajo de desplazamiento y circulación de mercaderías desde el
interés de mercaderes, y la mano de obra indígena impuesta y movilizada para
este trajín de bastimentos y mercadería, importante para el rubro productivo
minero.
Mapa
2
(1683)
Fuente: AGI Charcas MP
Buenos Aires 29 1683
La ruta inmediata
para desplazar dicho comercio, fue por la ciudad de Arica que se implementó a
fines del siglo XVI, y se imprimió una importante dinámica económica en la
primera mitad del siglo XVII. Esta ruta portuaria procedente desde Europa por
ultramar, se asentó estratégicamente para complementar las vías de salida que
se tuvo que imponer, para acelerar los niveles de exportación de minerales
preciosos e internar los insumos para su producción, en esta región minera. La
siguiente cita demuestra tal imposición económica, mediante sus vías de
comunicación.
(…) la ciudad de Arica tendrá 100
vecinos españoles, sin cantidad de negros y yanaconas que tienen asi para el
servicio de la ciudad como de sus haciendas situadas el valle arriba, y muchas
entrantes y salientes por mar y tierra, por ser lugar de grande trato, puerto y
escala de toda la tierra arriba, adonde llegan muchos navíos cargados de
mercaderías de España, y con el azogue de Guancauelica, cargados de vinos de
los valles, y adonde traen a embarcar toda la plata que se saca de Potosí,
Horuro, Porco, Verenguela, Lipes, Chicas [Chichas] y toda la tierra de arriba,
y adonde llega la armada de aquel mar por ella para traerla a Lima, y hacen
escala los navíos que vienen del Reino de Chile, por tener buen puerto y
seguro. Los vecinos tienen más de mil mulas con grandes recuas para el trajín
de las mercaderías a Potosí, Charcas y toda la tierra de arriba, y para traer
la plata al puerto, que aunque hay también grandes recuas de carneros, todo es
menester por ser mucho el trato, y el camino largo, parte de él despoblado,
adonde acuden tantos de todas partes (Zavala, 1979: 88).
Las rutas de
acceso son por las ciudades y emplazamientos poblacionales establecidos en esta
nueva vía de comunicación, que se inicia desde Lima, El Callao y Huancavelica
que se encuentra tierra adentro, desplazando mercaderías regionales, y arribar
por el puerto de Arica hasta Oruro, Potosí, Porco, Lípez y Chichas, como
regiones intermedias de estacionamiento y desplazamiento de bienes y
mercaderías, traídas para complementar este negocio de explotación argentífera.
Otra ruta
estratégica que se apertura para el control de comercio y desplazamiento
poblacional es el camino hacia Santa Cruz. Esta vía tiene una doble ESTRATEGIA
PARA LOS PRIMEROS GOBIERNOS HISPANOS, la primera es retirar y resistir la
frontera natural establecida entre la cordillera Chiriguana, y los pueblos de
valle en el sur de Chichas, y la otra es acceder a los productos que se
producen en zonas de valle denso establecidos en ‘Valle Grande’.
En la siguiente
cita hacen mención a esa ruta de acceso a la región de Santa Cruz de la Sierra
como enclave estratégico de los peninsulares.
“Real Cedula al Virrey del Perú para
que vea lo que escribe el presidente de los Charcas en dos capítulos de una
carta arriba incorporada, sobre ciertas poblaciones que convendría hacer, entre
ellas los Chiriguanas y el camino de Santa Cruz de la Sierra y aquella
provincia, para que provea lo que convenga, Madrid, 20. III. 1590. Charcas 415,
lib. II. fs. 65.” (Hanke, 1980: 35)
El dictamen
novohispano va dirigido a administrar tierras de valle y sierra en puntos
estratégicos de contacto, mediante el camino que se funda para darle mayor
accesibilidad a esta zona minera de Charcas con la región cruceña.
Inmediatamente se verán que se implementaron otras rutas de acceso, según
Silvio Zavala a la provincia de Tucumán, desde Salta, y Jujuy.
Los trajines realizados
de parte de los comerciantes entre puntos estratégicos establecidos en torno a los
asientos y las villas de Charcas (1680) fue particularmente interesante, pues
adquirió real importancia entre puna y costa andina, estructurándose una doble
mirada de control entre los valles y la sierra chicheña.
“Si hacen
concierto no puedan ganar menos que la cantidad señalada. A los arrieros de
mulas, se les de 4 reales cada día de jornal, y 3 reales a los peones; siendo
las mulas propias de los indios, se les pague por concierto, con tal que por el
trabajo de las personas no se les dé menos jornal del aquí señalado. [13] Villa
de Oruro, provincia de Paria, distrito de los Charcas Cochabamba, Misque,
Chayanta, Yamparaes, Porco, Tomina, Tarija y Lipes, los voluntarios y mingados
han ganado siempre 4 reales el jornal cada día” (Zavala, 1979: 179).
Entrado el siglo
XVII, se estableció esta red de comercio donde trajinaba el comercio colonial
dominado por indígenas que se hacían cargo de trasladar las mercaderías en
recuas de mulas, de las cuales estos eran dueños, así como la mano de obra
especializada que se hacía cargo de transportarla en este caso al interior de
la Audiencia de Charcas. La introducción de ganados de Europa hacia Tarija
(1569) a fines del siglo XVI fue parte de este proceso comercial, como bien lo
señala Silvio Zavala en uno de sus trabajos sobre la colonización de las
provincias del Río de la Plata.
“Como si la
corona se hubiera percatado del verdadero destino económico de estas
provincias, pone en capítulo especial la obligación de Zarate de meter en la
gobernación, dentro de dos o tres años después que llegare, 4.000 cabezas de
vacas de Castilla, y 4.000 ovejas de Castilla y hasta 500 cabras y mas 300
yeguas y caballos, para la conquista, población y defensa de la tierra. Zarate
tenía ese ganado en la provincia de los Charcas y Valle de Tarija, pues se
recordará era un acaudalado del reino alto-peruano” (Zavala, 1977: 433 – 434).
En este caso J.O.
de Zarate era un comerciante acaudalado, que incursionó con la actividad
ganadera a inicios del siglo XVII, complementando y afectando de sobremanera la
actividad agropecuaria de esta región chicheña, pues se trata de un nuevo patrimonio
a ser considerado en el mercado colonial temprano. En el siguiente acápite se
observará como la dinámica minero comercial se amplifica en esta región
eminentemente minera, pero también comercial, durante la primera centuria
colonial.
El negocio en artículos de consumo en
los asientos mineros de esta región
(…) es con
azogue, ensenándolo a beneficiar en breve tiempo por la orden que ha
descubierto el Contador Graviel de Castro, y no bedandoles sino guayras; y para
que no les falte la materia ni de donde les puedan aver, se les puede mandar
pagar en el mismo metal que sacasen, (Matienzo, 1875 [1576]: 151 – 152).
Desde luego la
actividad minera de las wayras de
origen prehispánico, serán sustituidas por los ingenios de beneficio minero, en
este caso en la información que realiza el licenciado Matienzo, se instituye la
actividad comercial articulada a este rubro productivo como fue el tratamiento
mineralógico del metal extraído de interior mina. En un documento que data de
fines del siglo XVI, nos demuestra las ordenanzas sobre la imposición de
tiendas y tambos establecidos entre Porco y Chichas, a inicios de esta época
expansiva de la plata chicheña.
“Asiento
de Porco E V dichos los valles E V que el dicho ferdo. de Toledo fermo la jue
dem LL tiene de juron. es de la juron. de proviene de la plapo y asi lo hizo e por
el y abitaron y en los dichos valles y asientos sin yn_ (sig. foja) ze pra
provedad e justicia della E que responde de la dicha juon. los dichos valles EV
los dichos que an sido de proviere E cabo denle E pon dichos mi a ponze cie. E
visitont tanbos e provincias andan de cincuenta de los de estos que cometen en
el dicho asiento e valles y amplellas a que ponen lo que debieren y a zervidos
los de mi tantos de sus a que se oficialicen y que por perderan las del…”
(AH-CNM Potosí 1592 s/f).
La otra ruta alterna
se había fijado hacia los valles de Cochabamba, pero como generó una importante
dinámica comercial, que consiguientemente, significó una masiva explotación de
sociedades originarias, para que ello no suceda se generó estas políticas
impuestas por el Virrey Márquez de Cañete, quien erigió una ordenanza donde
disponía el acceso de mercaderes, y el establecimiento de tambos y tiendas para
ampliar este rango de influencia hacia el sur del virreinato peruano.
Para el distrito
de Porco se estructuraron límites de dependencia directa con los centros
articuladores de economía mercantil, reestructurando la forma de administrar la
mit’a minera y agrícola que se complemente dentro de esta dinámica productiva, y
la vialidad que se daría a los ausentes entre la población mitaya, para
granjear su producción agrícola en torno a las tierras de este sector
altiplánico y serrano.
El capitán general de la Provincia de
Porco dice que se despachan cobradores e hilacatas a cobrar la tasa y la mita
de los ausentes, diciendo que les toca de turno, y los vejan. Los españoles por
que no traigan los indios les pagan la tasa y la mita en plata según lo que les
corresponde al tiempo que es o no el entero de la mita, por cuya razón faltan
en persona dichos indios así en sus pueblos como del servicio de la mita… En
esta provincia los indios siembran en sus tierras papa, maíz, cebada y carbón,
y conducen estos géneros a la villa de Potosí, como granjería de ellos mismo.
Por esta razón no quieren venir en persona a la mita y mingan a otros con plata
en su lugar (Zavala, 1979: 191).
El tipo de
salario que se articuló entre la sociedad hispana y la población tributaria fue
compleja, pues admitió de manera exasperante el juego político entre los
jilacatas y los mineros que recuperaban mano de obra minera “libre” entre la
población indígena reducida en determinados centros como Talina y Cotagaita.
Las comunidades de Porco seguramente se desintegraron de manera temprana, por
esta forma de asimilar contacto laboral y comercial en esta puna potosina.
La simbiosis
cultural que se produce en torno al contacto comercial entre puna, valle y
áreas tropicales secos como fue el chaco tarijeño, marcan el ritmo de
crecimiento de poblaciones en el ramo comercial, articulando a Atacama y Tarija
en el trajín colonial. En el siguiente extracto se lee como partieron las
caravanas desde la puna y su contacto hacia las zonas de costa y valle
chicheño.
“En la
descripción de la provincia de Atacama que es la última del Perú, por los llanos,
explica como los indios de la costa logran matar las ballenas, (p. 618 núm.
1755). Por fin cierra la descripción del Perú con las noticias de los Lipes y
Chichas. En la villa de Tarija reside el corregidor que provee el virrey:
vienen a servir los indios Tomatas” (Zavala, 1979: 95).
La presencia de
sociedades originarias fue fuerte; pero las poblaciones hispanas se
establecieron en torno a la presencia multiétnica de sociedades semi-nómadas y
sedentarias como el caso de Tomatas y Churumatas y la región de los Atacameños.
Indudablemente se trató de una copiosa documentación fundada en torno a este
tránsito de trajín colonial novohispano. Con la noticia de Chichas y Lipes como
sociedades de origen, fue polémico establecer vínculos de comercio económicamente
hablando, pues se trató de implementar niveles de reducción y organización
territorial plenamente vigentes durante la época de estudio, con ello generaron
un desarraigo de sus zonas de cultivo, desintegrando a las sociedades lipeñas y
chicheñas desde sus ayllus de origen.
Sobre el comercio[6]
y la movilidad de mercaderes en esta región andina y de valle, una ordenanza emitida
a mediados del siglo XVII establece el vínculo entre un trajín de mercaderías y
las áreas de explotación minera; esta forma de explotación de origen mercantil,
atrajo varios intereses de mercaderes y mineros españoles, por el control y/o
mantenimiento de esta región de los Chichas:
“Hordenanza echo para que los
mercaderes no gozen del privilegio consedido a los demás y por que no es justo
que socolor del dicho provilegio los mercaderes que bienen a los lugares de
minas atraen mercaderías fiadas deven otras deudas En cualquiera manera
defrauden a sus acreedores conprando minas e ynjenios pretendiendo que por
tales deudas no se les puedase bender = Hordeno e mando que si alguno mercader
comprare las dichas minas o ynjenios que por las tales deudas que debieren
antes de la dicha compra se las pueda bender como los demás viere y lo mismo
sea a otras qualesquiera personas si las deudas fuesen contraydas antes que
comprasen las dichas minas o ynjenios…” (ABNB, LARACH, Min, 58/2 1665 – 1672
fs. 7).
Las deudas contraídas
por la provisión de bastimentos e insumos para
la actividad minera, parece que fue una virtud de esta sociedad
mercante, que articulo las rutas de acceso, con la movilidad que provocó la
explotación minera en esta zona de trabajo mitayo y minero. La ordenanza iba en
contra de este tipo de extracción, que con el devenir del tiempo fue acrecentándose
las deudas hacia sus acreedores, pues los dueños de minas necesitaban mucha
inversión para sacar el excedente y el capital invertido en esta tarea de usufructo
minero. La dinámica comercial se fue aplicando de tres maneras integralmente,
la provisión de los mercaderes con suministros, el trabajo mitayo y libre, y
desde luego el establecimiento provisional de los ingenios, para el beneficio
del mineral extraído de interior mina.
En una de las parroquias
establecidas entre el territorio chicheño y de los Lipes, observamos el siguiente documento donde se despliega un
comercio interrumpido por causas fuera del sistema colonial, se trata de los
disturbios que existían en el Guayco
Seco, por la presencia de forajidos que incurrían en una serie de asaltos y
saqueos a los viajantes de esta zona minera. La presencia de soldados huidos y
la intervención al comercio que ingresaba a este sector pudo haber traído serios
problemas a los mineros que estaban laboreando este distrito.
“asados an
emanado todos los disturbios e ynquietudes a este donde yo, y mis antesessores,
asistimos y donde esta la parroquia y comercio, y pueden resultar y puedan
resultar del corte de dichas vetas Ricas como se espera los serán el que
vengan, y ocurra, mucha gente de todos los minerales del Reyno, que al presente
son de poco útil…y save con evidencia vendrán, y la esperienzia a mostrado, que
todos los soldados sueltos procuran avitar en dicho guayco seco…” (ABNB,
LARACH, Min, 58/4 1674 fs. 2).
La breve cita
documental hace mención a ciertos desertores que hicieron campaña para asegurar
la llegada de los peninsulares a esta región minera, pero por su labor distinta
a los mineros, tuvieron que quedarse para establecer seguridad, o como en este
caso, para el inusitado desorden que habían generado por esta época, de manera
provisional. Otro factor para su estadía seguro se debió a la abundante riqueza
que se estaba explotando por lapsos de tiempo discontinuos[7].
El contacto entre
el norte de los Chichas y Lipes hacia el distrito de Porco fue constante, pues
la mercadería procedente de Lima y Huancavelica, arribaba por el puerto de Arica,
donde paulatinamente, desde la temprana colonia se articuló un importante comercio
por ultramar. La cita siguiente representa el circuito macro-regional establecido
en esta serranía minera.
“La ciudad de
Arica…traen a embarcar toda la plata que se saca de Potosí, Horuro, Porco,
Verenguela, Lipes, Chicas [Chichas][8] y
toda la tierra de arriba…Los vecinos tienen mas de mil mulas con grandes recuas
para el trajín de las mercaderías a Potosí, Charcas y toda la tierra de arriba,
y para traer la plata al puerto, que aunque también hay grandes recuas de
carneros, todo es menester por ser mucho el trato, y el camino largo, parte de
el despoblado, adonde acuden tantos de todas partes…” (Zavala, 1979: 88).
La comunicación
vial se articuló de tal manera que puede considerarse un comercio importador de
bienes e insumos traídos de diferentes partes del mundo, que arribaban, vía
ultramar, por las ciudades y villas establecidas en esta parte del continente. Entonces
se tuvo que recurrir a una serie de mecanismos que haga dinámico esta vía
marítima y terrestre, pues por medio de los tambos y casas de hospedaje se
tenía acceder a zona de montaña, por medio de los puentes y caminos de
herradura que fueron reinstaurados, a medida que se acrecentaba la actividad
comercial de tipo colonial.
Una forma de
activar este flujo mercante, fue la presencia de sociedades trashumantes, estructuradas
entre las villas de Tarija y Potosí; como lo afirma la historiadora argentina,
Raquel Gil Montero al respecto territorio estudiado: “Los valles de la actual
Bolivia (Fundamentalmente los de Tarija y Chuquisaca) son los lugares más
nombrados en los testimonios de viajes de intercambio. Estos circuitos, que
pensamos son de larga duración y que fueron recorridos con frecuencia, se convirtieron
en una alternativa de migración –no necesariamente permanente– para la
población de la puna en momentos de crisis” (Gil Montero, 2004: 151).
La actividad
comercial fue creciente, dependiendo del motor que activaba este ritmo, es
decir el rubro mercantil, que aplicada a una serie de asientos mineros atrajo
la atención de buena cantidad de mano de obra trashumante, para la
transportación de mercadería proveniente de las provincias del Río de la Plata,
así como la que arribó de la ciudad de Arica.
Un interesante
documento transcrito y publicado por el historiador Carlos Zanolli (2010), hace
mención a los ‘tendarunas’ que trabajaban en torno a esta forma de trabajo
comercial y minero, en el establecimiento de los ingenios para el tratamiento
del mineral, se trata de dos indígenas considerados como tendarunas para el
servicio de un hacendado establecido en la villa de Tarija, que por derecho
justifica su usufructo de esta mano de obra laboral.
Francisco López Buenavida su vecino
[de Tarija] el cual tenía dos indios de plaza que llaman tendarunas de los que
se reparten los vecinos de dicha villa de los pueblos de Calcha Talina y éste
de Santiago por cuya muerte han vacado los dichos dos indios y por cédulas y
provisiones reales se le manda a los señores corregidores que luego que vaquen
los depositen con el vecino más benemérito por lo cual y serlo don Pedro
Sánchez Casasola venticuatro de la dicha villa y en quien concurren las partes
y calidades que en conformidad de los apuntamientos e instrucciones del real
gobierno superior de estos reinos se requieren y tener haciendas de viña y
tierras que cultivar y ganado que gurdar de que resulta gran útil y provecho a
la dicha villa y asientos de minas de esta dicha provincia (AHT FC doc. 2 1653,
Citado por: Zanolli, 2010: 34).
Los “indios de
cédula” eran considerados como propiedad real de la corona hispana,
consiguientemente tenían la obligación del servicio personal hacia este ente
secular europeo, asentado en el distrito de Tarija, como bien sabemos era parte
integrante del territorio chicheño, administrado judicial y políticamente por
el corregidor y justicia mayor de este territorio originario. Entre Calcha, las
reducciones de Talina y Cotagaita, se obtenía buena cantidad de gente
distribuida para el tributo mitayo, y las habituales cédulas con diverso
trabajo manual y mecanizado.
La vía del Atlántico por Buenos Aires
En el contexto de
la región geográfica que estamos analizando, la provincia de los Chichas tiene
características singulares, pues pasa a depender comercialmente por la zona
norte de la Provincia de Tucumán, en torno a las provincias del Río de la
Plata, que de manera topográfica colinda con zonas de valle y sierra, entre la puna
jujeña y la villa de San Bernardo de la Frontera de Tarija, que
consecutivamente se va perfilando el paso obligado del trajín colonial hacia la
ciudad de Buenos Aires.
Desde luego, la
ruta inmediata para el paso de mercaderías y producción minera fue por el
Puerto de Arica, pero para el comercio y flujo de mercancías provenientes del
Atlántico, tuvo que circular por esta ruta en torno a la provincia del Río de
la Plata. La región estratégica de los Chichas, es parte de este circuito
mercantil en la colonia temprana. Los documentos y fuentes impresas encontradas
en torno a esta jurisdicción son indispensables para el análisis estructural de
este artículo.
En uno de los
tumultos suscitados en la región continua de los Lipes y Chichas, se observa en
un expediente donde se dio la pacificación de Chocaya, iniciada a comienzos del
siglo XVII, este expediente se refiere sobre el caso:
“(…) que hizo muy
buenos efectos en la administración de la justicia y despues leído corregidor
de la provincia de los Chichas y gober (fs.) nador de Chocaya con muy buena
opinión de buen juez y supo que en los disturbios de los Lipes entro con mucha
gente a su costa ala pacificacion de ellos que se consiguió la paz mediante la
fuerza que tomo la justicia y que todo abia sido a su costa en que se remite a
sus testimonios…” (AGI Charcas 95 N 18 1656 fs. s/f).
Los gastos que se
mencionan para apaciguar este disturbio son amplios, pero no se menciona los
pormenores de este caso que, aunque se intruye que fue un problema entre
peninsulares que se confrontaron por el derecho a explotar las vetas de este
distrito minero continuo de Chichas y Lipes, invirtiéndose gran cantidad de
costas para que llegue a su fin en el proceso donde apaciguarían ambos
intereses en conflicto.
En los méritos que
se observan en estos expedientes, se observa la plata explotada y producida en
Chocaya, considerado que este asiento minero se encuentra dentro de este
circuito minero-comercial que funcionaba desde dos periodos continuos, desde la
época prehispánica, y el periodo colonial temprano, cuando se descubrió la veta
denominada como ‘Nuestra Señora de los Clarines’ que ganó gran fama en su etapa
inicial de explotación, por poseer un importante ingente de producción de
plata.
“(…)
an cressido y aumentado assu Real hacienda en mas cantidad de quinientos mill
pesos y en especial de la gruessa cantidad de metales rricos que de mas tiempo
de diez años a esta parte se an sacado y veneficiado en el asiento rrico de
Chocaya donde a asistido el dicho mi parte siendo de los primeros pobladores de
aquel asiento y de los mas ynteressados (fs. 2v) en la veta de clarines de
donde como es notorio se a sacado gran suma de metales rricos (AGI Charcas 93 N
5 1646 fs. 2r y v).
La dinámica
movilidad que ocasionó el descubrimiento de esta mina, fue polémica y parte de
otra historia aparte a traducirse desde los documentos coloniales, sin embargo,
al referirnos a este tipo de explotación de minerales preciosos, como
representó la plata potosina del sur de este territorio, tenemos buena cantidad
de datos que confirman ese auge, estableciendo un vínculo entre productividad y
contacto comercial con la costa y sierra de Charcas, y ésta direccionada
natural y geográficamente hacia el sur de las provincias del Río de la Plata.
En otro importante dato del circuito productivo, del demandante de los méritos
al que se recurre en este expediente afirma:
(…) que el dicho mi
parte assido assimismo poblador del y de las minas de El asiento y cerro de
Chorolque de donde assacado y beneficiado gran suma y gruessa de metales
limpiando para ello muchas minas antiguas que estavan ciegas y cubiertas y
descubriendo otras de nuebo y mediante la yndustria y cuydado que a tenido el
dicho Alonsso de Fonseca Falcon mi parte en dichas labores y beneficio de
metales de (fs. 3) delas que pala mayor parte es negrillo salio alus el
beneficio de los dichos metales quepa ignorancia y poca yndustria los antiguos
no las labravan ni beneficiavan las dichas minas por la nueba dificultad que
tienen sus metales en el beneficio y mediante la yndustria y modo del beneficio
que saco a lus el dicho mi parte (AGI Charcas 93 N 5 1646 fs. 2v - 3).
Las zonas
estratégicas para acoger sociedades laborales fueron en esencia cuatro;
Chocaya, Chorolque, Tupiza y Yavi[9]
al sur de los Chichas. Un expediente de Zanolli establece dicho vínculo entre
puna y sector montañoso. Otro enclave estratégico fue establecido en el valle de Tarija con
dirección Sur-este, como lo afirma Raque Gil Montero, “Los minerales fueron la
razón del temprano poblamiento hispano de la puna y de que el asentamiento de
Cochinoca estuviera más poblado aún que el de Humahuaca, cabecera del curato. A
comienzos del siglo XVII, don Francisco de Alfaro reparó en otra actividad
importante de la región” (Gil Montero, 2004: 73). Consiguientemente esta región
estaba ligada por Tarija y Potosí como su punto culminante de actividad
comercial, relacionando los territorios de Chichas al estructurarse este entramado
colonial temprano.
Entre las zonas
de puna y valle que se conciben en esta época, se tiene conocimiento de varios
enclaves económicos que complementan la actividad minera al rubro comercial,
desde la internación de cabezas de ganado, hasta los bastimentos traídos de
Santa Cruz de la Sierra, vía las rutas del valle chuquisaqueño atravesando ‘los
Cintis’, para llegar a la zona chicheña.
Complementando
esta actividad minera en el rubro comercial, se tiene noticia sobre que hubo
otra ruta complementaria a este entramado trajín colonial, la que distaba desde
Porco hacia Ocuri y Aullagas en el extremo norte del actual departamento de
Potosí, donde se observa de manera evidente, la situación del gremio de
azogueros que mantenía con la provisión del mercurio, para beneficiar los
ingenios mineros de Chichas y Lípez. El gremio de azogueros en el distrito de
Porco, aseguraba la actividad de los agricultores de haciendas habilitadas
entre esta región y la continua de los valles de Pilaya y Paspaya, complementando
así esta dinámica comercial, como se anota en el siguiente documento.
“el dicho maestre de campo el asoguero de mas
cuenta y trabaxo que a avido en dicha villa en que solo el suso dicho caba
[sic] mas gente al cerro que todo el gremio de los asogueros juntos por cuia
razón el gasto que tiene todas las semanas es grande pues en algunas no queda
en su casa un real y ano [sic] con los frutos de sus haciendas que tiene en la
]provincia de Pilaia y Paspaia no fuera posible tolerar el gasto tan cresido
que tiene por que además del que haze en dicha villa no ai mineral en el Reino
donde no avíe y se travaxe por su quenta” (ABNB, LAACH, Min 19/2 1689-1690 fs.
12).
La centralidad
que existía entre la Villa minera de Potosí, y los centros de abastecimiento productivo,
así como los nexos de acceso a estos asientos mineros, se tuvo que cumplir de
manera sistemática entre la producción agrícola, mercadería europea y trabajo
minero que relevaba este rubro, con la fuerte presencia de minerales
explotados, tratados y comercializados en este mercado interior de corte
regional. Se sigue con el documento consultado:
“(…) asi en el asiento de Porco Laica Cota
Ocuri Aullagas y otros muchos y el asiento de los Lipez que an asegurado a este
testigo en uno de los mejores que se an dado y de grande costo y se a lucido el
travaxo pues mediante el sean cortado betas de grande riquesa (fs. 13) que o
estan dando muchos caudales y quintos a su Magestad…y le dixo avía gastado
mucha suma de hacienda y que a no ser por los frutos de sus haciendas de
Ingaguasi y Pilaia no pudiera costearse por que el socavon de Porco le costo
mucho dinero por (fs. 13 v) que es según le an dicho aeste testigo…” (ABNB,
LAACH, Min 19/2 1689-1690 fs. 13).
La imposición del
Quinto Real establecida en la temprana colonia, no se rompió en su dinámica de
control administrativo, pues se velaba desde los regidores y administradores,
como alcaldes mayores de minas, para su fiel y leal cumplimiento. A pesar de
que no tuvo su consistencia en la aplicación de esta norma impositiva, sabemos
que hubo una importante o considerable fuga de capitales por las provincias del
Río de la Plata (hacia Buenos Aires) pero a la vez, dinamizó la actividad del
rubro comercial de corte americano, como fueron los comerciantes y mercaderes dedicados
a este rubro minero.
Conclusiones
Un empresario
minero como Antonio López de Quiroga (Bakewell, 1988: 163-165) tuvo que
acrecentar sus capitales estableciendo sus haciendas en torno a Pilaya y
Paspaya, como valles templados que se encuentran entre Los Cintis, este dato
que se tiene induce a pensar que se trató de una época de constantes cambios y
mutación, entre caminos prehispánicos y nuevas entradas hacia los sectores
donde se trabajaba el rubro minero, complementándose provisionalmente, para la consecutiva
llegada de nuevos comerciantes en los sucesivos siglos del periodo colonial.
La aparición de los
ingenios en la época del virrey Príncipe de Esquilache, se aminoró la mano de
obra mitaya, por la proliferación de vetas en el distrito de Chichas, así se acopló
en un circuito de dinámica mercantil, en esta provincia minera situada en el Sur
de los Charcas. La sustitución de mano de obra mitaya por mano de obra
asalariada, impuso una importante movilidad comercial entre esta sociedad
‘libre’ de tributo establecido por el estado español. El ritmo de crecimiento
comercial que se estableció entre las poblaciones situadas en torno al Rio de
la Plata, vigorizó la producción de plata en el sector de la provincia de
Chichas, generando un contacto productiva entre Porco y las villas ubicadas
entre la costa del Pacífico, y también los valles de Cochabamba y Santa Cruz de
la Sierra.
Las palliris[10]
y el trabajo experimentado en las canchas (1603) ubicadas fuera de las minas,
granjeó una importante experiencia comercial en los sectores mineros de Chichas
y Lipez. Se considera una movilidad poblacional de sociedades alternas, que
activaron, y vigorizaron esta dinámica económica, estructurando un vínculo
entre sociedades chicheñas, hispanas y forasteras provenientes de tierras bajas
y altas del territorio administrado por el Virreinato peruano.
Fuentes y Bibliografía
Fuentes Primarias
Archivo General
de Indias AGI
Charcas
95 N 18 1656 Méritos
Charcas
93 N 5 1646 Méritos.
Archivo y
Biblioteca Nacionales de Bolivia ABNB
Libros de
Acuerdos
Audiencia de
Charcas
LAACH, Min 19/2 1689-1690.
LAACH, Min, 55/1 1624 – 1627.
LARACH, Min, 58/4 1674. Provincia de los Lipes
LARACH, Min, 58/2
1665 – 1672.
Archivo Histórico
de la Casa Nacional de Moneda AH-CNM
Sobre la visita
de los tambos de Porco, 1592.
Fuentes impresas (Crónicas)
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del licenciado Matienzo al excelentísimo señor Don Francisco de Toledo
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México.
1977
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de la colonización en el Río de la Plata. México D.F.: El Colegio
Nacional.
Agradecimientos
Mis
agradecimientos a todos los que participaron en esta obra monográfica, que de
manera preliminar se expone en este evento, organizado por asociados a los
Estudios Bolivianos. A la Universidad San Francisco Xavier de Chuquisaca, como
ente académico que motiva a nuestras investigaciones en las Ciencias Sociales.
[1] Docente e historiador USFX.
[2]
La verticalidad de pisos ecológicos de puna, valle y costa, fue planteada
por John Víctor Murra, en sus estudios tomando como ejemplo, una parte de la
cuenca lacustre de dominio Lupaca en, “Formaciones económicas y políticas del
mundo andino” (Murra, 1975).
[3]
Las oblaciones de Tupiza y
Talina eran reductos de españoles e indígenas respectivamente, que para el caso
de Chichas, correspondía con un importante contingente de sociedad servil,
mucha de ella de origen Chicha.
[4] Tambos. “Los mas
de estos aposentos Reales siruen al presente de tambos a los pasageros que son
como ventas, o mesones en que se albergan otros muchos que no siruen denotan
sus Ruinas, la grandeza y magestad que tenian en aquellos tiempos; demas de lo
qual para que se considere el buen Gouierno que tenian para tener de todas
partes brebes auisos de lo que se hazia o sucedia en qualquiera parte del Reyno
auia por todo el en los Caminos Reales casillas a trechos vna legua vna de
otra, donde de ordinario auia vno, v dos indios, que era como posta, o correo,
que en aquel Reyno llaman Chasque, que cada pueblo comarcano tenia obligacion a
tenerlos alii por el que Gouernaba aquella prouincia, y quando el inga auia
menester despachar a toda diligencia, corria el indio aquella legua a todo
Correr, y antes de llegar al otro Chasque…” (Vazquez de Espinosa, 1948 [1622]:
362).
[5] Comunicación personal de Orlando
Tapia, quien hizo un reconocimiento de sitios arqueológicos en el municipio de
Atocha (Sud Chichas) entre fines del año 2014 e inicios del 2015.
[6] El documento hace referencia al
“Concurso de acreedores formado contra los bienes que quedaron fin y muerte de
don Domingo Martínez de Argandoña, dueño que fue del ingenio de San Francisco,
provincia de los Lipes”. Fojas 118. (ABNB, LARACH, Min, 58/2 1665 – 1672).
[7]
Existe un reciente trabajo publicado por Raquel Gil Montero (2015), sobre “Ciudades
Efímeras”, el ciclo minero de la plata en Lipez, siglos XVI-XIX, donde también
hace mención a este Guaco Seco, plagado de viajeros y prostitutas dedicados a
la vida libre y desordenada.
[8]
Corregido entre corchetes por
el autor.
[9] Para 1859 “…Yavi tiene entre
ganaderos, comerciantes y labradores más hilanderos, tejedores, sirvientes y
mineros un total de 2.235 pobladores entre mujeres y varones”. (Gil Montero,
2004: 164).
[10] “Los
indios de repartimiento que de ordinario se ocupan en la labor de las minas,
son 4.000. Los mingas que se alquilan de su voluntad son 600. Los que se ocupan
de limpiar el metal que sacan de las minas a las canchas serán más de 400 y son
muchachos que ganan 1 peso al día y algunos más. En pallar que es buscar tierras
de metales sueltos en la superficie de la tierra, se hallan más de 1.000
indios, muchachos y mujeres, y los venden por cargas, y ganan más de 1 peso por
día. Los indios de repartimiento en los ingenios son 600. Los mingados
(voluntarios) en los ingenios son 4.000…” (Zavala, 1979: 25).


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